lunes, 18 de noviembre de 2013

Histórica carta de la condesa de Revilla Camargo a Fidel Castro.



El olfato me absolverá. ....

Esta carta esta formidable!!!

Histórica carta de la condesa de Revilla Camargo a Fidel Castro

A principios de la revolución comunista de Fidel Castro, una de sus
prioridades -quizás la más importante para él y sus sicarios- fue la de
apoderarse de las mansiones, los negocios y el dinero de la clase rica, cuya
inmensa mayoría había hecho su fortuna trabajando toda su vida,
administrando inteligentemente sus bienes para que éstos crecieran y
***pliendo con los preceptos que la ley exige. A Castro nada de esto le
importó. Se expropiaron sus negocios y cuentas bancarias, se confiscaron sus
casas y la que antes fue la clase adinerada del país tuvo que marchar al
destierro y empezar de nuevo sus vidas, que gran parte de ellos la hicieron
de nuevo próspera, gracias a sus esfuerzos y talento. En la revista
³Bohemia² de ese primer año de la ³robolución², apareció un reportaje,
gráfico y escrito, donde se describía con fotos y palabras el asalto a la
mansión de la condesa de Revilla Camargo, destrozando sus paredes para
tratar de encontrar ³tesoros escondidos² y ³riquezas ocultas². ¡Acabaron con
la mansión! Ya en el destierro, la condesa, a través de la columna del poeta
Ernesto Montaner, ya fallecido, en un periódico en español de Miami publicó
una carta abierta a Fidel Castro que, como decimos los cubanos y la propia
autora en su carta: ³No tiene desperdicio². Hoy, en lugar de mi columna, la
he sacado de mis archivos y la pongo a disposición de mis lectores, para que
los cubanos que llegaron al destierro después de su publicación puedan
enterarse de la misma.

 Doctor Fidel Castro:

Fíjese que le digo ³doctor² en vez de ³señor². Y no se asombre. Estoy
dispuesta a llamarle ³Premier², ³Comandante², ³Presidente² y todo eso a lo
que, de un modo u otro, ³se llega². Pero jamás le diría ³señor², porque a
eso no ³se llega², se nace. Y usted no nació señor, doctor. Esta última coma
lo explica todo; desde su inferioridad congénita hasta la destrucción de
nuestra Patria. Porque las comas, doctor, tienen demasiada importancia en
nuestro lenguaje; ese mismo lenguaje que usted estropea y destruye con
idéntica crueldad con que destruye y estropea las demás cosas. Pero observe
que una coma mal colocada, puede transformar no sólo la Gramática, sino
hasta la Historia, puesto que si en vez de decir: ³y usted no nació señor,
doctor², dijera ³y usted no, nació señor, doctor², estaría ofendiendo a los
señores, a Cuba y a Dios, Nuestro Señor.

Y ya, con las comas y los puntos en su sitio, pasemos a tratar sobre un
tema que a usted le enfurece y a mí me entretiene y hasta me divierte: la
crónica social.

La otra noche la emprendió usted contra los cronistas y contra la
sociedad. Sobre todo, contra la sociedad. Se explica: ese es el único
³latifundio² destruido y confiscado sin perjuicio de su familia.

¡Oh, ese odio suyo a la sociedad! Es irreconciliable. ¿Cómo se puede andar
por la vida con tanto odio a cuestas? Es incomprensible. Y más aún en
quien *como usted- ha tenido que escalar, porque todo lo ha obtenido
escalando y trepando. ¿No le pesaba demasiado el odio? ¿No le estorbaba?
Pregunta ingenua. No le estorbaba. De haberle estorbado, lo habría
suprimido. Como ha suprimido cuanto le ha estorbado. Desde Camilo
Cienfuegos, hasta la ³patria potestad² que, de hecho, ya está suprimida, o
trasladada como ³función social² del estado.

Usted, doctor, lo odia todo. Pero es lógico: odia lo que nunca tuvoS y
nunca tuvo nada. Si no me inspirara tanta repugnancia sentiría por usted una
profunda lástima y hasta humana compasión. ¡Si se viera! ¡Es tan abominable!
Es tan repulsivo que ha logrado que la humanidad llegara a sentir por usted
lo que usted siempre ha sentido por la humanidad: asco, repulsión y
desprecio.

Por eso, la otra noche, cuando desbarrando bajo la lluvia *porque llovía
torrencialmente- usted lanzaba contra la sociedad cubana los dardos
envenenados de sus insultos y calumnias, hube de transportarme *transporte
mental, no se haga ilusiones- a mi residencia del Vedado, robada y tiznada
por el Premier Alí Babá y sus cuarenta mil ladrones².

Y eché a volar la imaginación. Lo vi a usted, en mi mesa, con seis
milicianas, dos rusos, un chino, -el chino no era Kuchilán- dos
checoslovacos y Almeida. Comiendo al estilo ruso, de la Rusia de hoy, donde
todas las groserías están previstas. No a la rusa, como siempre se sirvió mi
mesa, que era el estilo fino y elegante de la Rusia aristocrática y
tradicional, cuyas elevadas costumbres no murieron bajo la metralla criminal
que exterminó al Zar y a toda su familia.

Los vi metiendo las manos en los platos de caviar y llevándolas a las
grandes bocas insaciables, tratando de limpiarse después, bocas y manos, en
el mantel.

También vi a la plebe, con su jefe nato presidiendo la mesa, tomarse mi
champán. El champán de mis bodegas. Y no lo sorbían, lo volcaban sobre las
fauces, como si lo arrojaran al vertedero.

Los comentarios de los alfabetizadores no tenían desperdicios. Una de las
milicianas decía:

-Esas ³bolitas² (caviar) no me gustan. Parecen uvitas con sabor a pescado.

Y otro remataba:

-Yo quiero cerveza o ron. ³Esto² está muy amargo. Pa¹mí que esta sidra se
ha echao a perder con tanto tiempo guardada ahíS

Almeida aprovechó para poner el diálogo en su salsa:

-La verdá, compañero Fidel, yo prefiero la carne con papas y los huevos
fritos con arroz. En estas comidas ³fistas² se queda uno como si no hubiera
comidoS

Y usted no dijo nada, Fidel, porque decir algo le hubiese llevado mucho
tiempo. Porque uno de los rusos se lo hubiera tenido que traducir al
compañero ruso, a los compañeros checos y al compañero chino. Y eso le iba a
embargar demasiado el tiempo que usted necesitaba para algo que advertí en
sus ojos: el propósito de salir de allí, lo más pronto posible, para
sumergirse en una fonda de chinos y ³banquetearse² con un suculento plato de
arroz frito, con chop suy y mariposas fritas.

No se extrañe, doctor Castro, ³gato no come tomates². Y la chusma *como si
pesara sobre ella una maldición- es alérgica al champán, al caviar, a la
mantelería de hilo y las cristalerías de ³Bohemia² o de ³baccarat².

Por eso mi casa le es tan adversa a usted y los suyos, como los suyos y
usted, a mi casa.

Es una consecuencia lógica. Y hasta una represalia justa.

A mí me da náuseas su peste.

Y a usted mi perfume.

El olfato me absolverá.

Usted me lo ha robado todo. Usted ha detentado mi casa. Usted ha
convertido mi residencia en un chiquero.

¡Ah, pero en el pecado lleva la penitencia!

En mi casa *donde quiera- hay cosas finas y olor a limpio y a decencia.

¿Se asustó la primera vez que entró en ella, verdad?

¡Vea usted mi venganza!

Todos los ladrones, cuando entran en una casa, asustan a los dueños de la
casa. Y esa es mi venganza: usted es el único ladrón que al entrar ha sido
el asustado.

¿Le parece poca mi venganza?

A mí, Dios me perdone, me parece excesivamente cruel.

De usted, con todo mi perfume.


Condesa de Revilla Camargo.

1 comentario:

  1. MUJER VALIENTISIMA Y FRONTAL, CON LA VERDAD QUE LES TOCO VIVIR EN AQUEL ENTONCES.

    HOY EN AMERICA DEL SUR ESTA CARTA DEBERIA SER PUBLICADA...

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